Karate: Todo lo que aporta como Arte Marcial

¡Vivimos en una sociedad cada vez más competitiva! Es algo que difícilmente podemos negar y tampoco hay ninguna necesidad de ello, simplemente debemos ser conscientes. Esa competitividad puede calar en todos los aspectos de la vida, en la familia, en el trabajo, en el deporte y también en el arte marcial. Nótese que he diferenciado de forma intencionada deporte y arte marcial, ya que bajo mi punto de vista no es lo mismo, aunque como ya indicábamos no los veo incompatibles.

Como siempre, todo lo descrito en este blog es mi humilde opinión, sin ningún ánimo de herir sensibilidades o contradecir opiniones contrarias a las mías. Por tanto vaya por delante que no estoy en contra de la competición, creo que aporta muchísimo, pero la idea de este artículo, es hablar de lo que nos aporta el karate como un arte marcial y bajo mi criterio la parte competitiva no es lo más importante, por lo que se queda un poco de lado.

Inicio el artículo de esta forma porque me he encontrado en innumerables ocasiones con opiniones acerca de que el Karate pivota alrededor de la competición, que se interpreta como un deporte, que una vez que te inicias en su práctica, eres federado y todas esas cosas tan chulas puedes competir e incluso hacer grandes logros, pero insisto, no es ni de lejos su mayor virtud. Dejando a un lado la palabra competición, quizás para descubrir que nos aporta el Karate, deberíamos acotar un poco qué es y qué no es. Insisto, ¡bajo mi opinión!

  • El karate no es un deporte. A pesar de que su actividad requiere estar en una buena forma física, la implicación y el compromiso con su práctica vas más allá de lo que comúnmente podemos considerar hacer deporte. Esto no es algo evidente para el recién llegado, pero a medida que profundizas en el arte te sientes más atraído, tu curiosidad se acrecenta y empiezas a enamorarte de sus beneficios dentro y fuera del Dojo.
  • El karate no es un hobby. Un arte marcial requiere de compromiso por parte del practicante, no es algo que practicas de forma muy intensa durante un mes y luego no vuelves a entrenar durante los tres siguientes. Requiere disciplina, y la demanda todos los días que practicas. Evidentemente situaciones de parada pueden darse. Somos humanos, la motivación no es infinita y todos podemos caer en la pereza, pero cuando te ha mordido el gusanillo del arte marcial hay algo que te empuja a seguir, a buscar, a investigar, a descubrir y en definitiva a continuar caminando en la senda del arte marcial.
  • El karate es una seña de tu identidad. Ser karateka, ser una apasionado del arte marcial, es algo que está debajo de tu piel, que te impregna y que va contigo a todas partes. Obviamente no has nacido con ello, incluso si te acabas de iniciar en la practica quizás no comprendas lo que estoy diciendo, pero estar “curtido en batallas” es una característica que has desarrollado a lo largo del tiempo mediante tu practica del arte marcial. Con esto quiero decir que gracias a esa impronta dispones de unos recursos que te permiten afrontar los retos de la vida con entereza. Si lo tuviese que resumir en una palabra diría autoconfianza.
  • El karate es una forma de vida. Ya desde tu primer dia en un Dojo de Karate hay algo que va por delante de todo. Me refiero a los valores del arte marcial, al Dojo Kun. Si además has tenido la fortuna de haberte iniciado en este apasionante mundo en temprana edad, es toda vía mas interesante porque cuando somos niños nuestro cerebro es mucho más maleable. Partiendo de la nobleza en valores del karate,  este hecho solo puede aportar beneficios. Al igual que el punto anterior, esos valores los has hecho tuyos … ese espíritu de sacrificio que practicas cada día en tu Dojo lo has conseguido llevar al resto de tu vida. Es cierto que todo en la vida no es el karate, habrá otras cosas (trabajo, familia, relaciones sociales, ocio), pero te aseguro que, al menos desde mi experiencia, todas esas otras actividades, estarán impregnadas de esa esencia.
  • El karate te cambia como persona. “Jinkaku kansei ni tsutomuru koto”  –  “人格完成に努むること”.  –  “Formación de la personalidad”. Desde que entras en el Dojo, dejas de ser “uno solo” para “formar parte de un todo”. No importa tu grado, tu experiencia, tus años de practica, tu nivel de desempeño, tus facultades o incluso tu actitud. Eres uno más, noble, humilde y dispuesto a dar todo lo necesario para mantener y fomentar ese clima de excelencia que se genera, no solo dentro del Dojo también fuera. Por lo general, socialmente no somos así, tendemos a comportarnos habitualmente de forma egoísta.  al fin de cuentas el EGO vence muchas veces. Pero en el Dojo eso no ocurre, hay mucha más armonía y si se persevera ese cambio de personalidad logra aflorar dentro y fuera.

Todo el mundo anela ser feliz, estar feliz, pero la felicidad no es un lugar al que se llega, es una actitud, un enfoque mental y os aseguro que el arte marcial te ayuda a estar alineado con ese valor.

Si tras leer todo esto tienes algo que aportar en relación a este tema estaré encantado de leerlo en los comentarios

¡Oss!

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